Añade variación a tu estudio, mejorará tu desempeño

Dos grupos homogéneos de estudiantes practican lo mismo y obtienen un resultado diametralmente opuesto. ¿Cómo así?

Rohrer & Taylor publican una investigación en el 2007 sobre cómo el tipo de práctica afecta el desempeño. La tarea consistió en aprender a calcular el volumen de 4 cuerpos geométricos poco comunes en 2 sesiones de estudio separadas por una semana, las cuales consistieron en 1 tutorial de cada sólido y 16 ejercicios. Los participantes fueron divididos de forma aleatoria en 2 grupos:

  • Práctica en bloque: Los ejercicios de cada cuerpo geométrico se realizaron en bloque (AAAA, BBBB, CCCC, DDDD).
  • Práctica intercalada: Los ejercicios se mezclaron (ACDB, CBAD, DBAC, BACD).

Después de la 2ª sesión de estudio, los participantes fueron evaluados. La práctica en bloque obtuvo un mejor resultado (89% vs 60%). Sin embargo, una semana después volvieron a ser examinados por sorpresa y ahí el grupo de práctica intercalada obtuvo un resultado muy superior (63% vs 20%). ¡El grupo que practica en bloque no logra recordar un 69% de lo que sabía una semana antes!

El intercalado es contrario a nuestra intuición, requiere más esfuerzo y la adquisición inicial de conocimientos es más lenta. La práctica en bloque nos da una falsa sensación de fluidez que nos confunde.

¿Quieres aprender? Deja que la materia se olvide un poco antes de repasarla.

¿A quién no le ha pasado que, a pesar de estudiar un montón de horas para una prueba, le fue mal?

Preparar bien un examen requiere múltiples sesiones de estudio separadas en el tiempo. Lo recomendable es dejar que la materia se empiece a olvidar antes de repasarla. Cuando esto sucede notamos que tenemos que hacer un esfuerzo por recordarla, y es justo ese esfuerzo el que produce aprendizaje al vincularnos de manera activa con el contenido. Es por eso que concentrar el estudio en las horas previas a una prueba no es recomendable, la relación con la materia es más superficial, y está comprobado que la mayor parte de lo estudiado se olvida rápidamente – curva del olvido.

Aquí surge una de las múltiples paradojas que caracterizan el proceso de aprendizaje: distribuir el estudio, en vez de concentrarlo, hace que la materia se olvide, y esforzarnos entonces por recordarla aumenta la retención. En palabras de Robert y Elizabeth Bjork, el olvido es el aliado del aprendizaje.

El olvido es el aliado del aprendizaje

Robert y Elizabeth Bjork

Sin embargo, nuestra intuición nos guía en la dirección contraria, preferimos calentar la materia porque sentimos que nuestros conocimientos aumentan. Estamos en presencia de un espejismo, pensamos que sabemos más de lo que realmente sabemos, y eso se transparenta al dar la prueba. Muy tarde para remediarlo.

Tengo que aprenderme un texto. Ya lo leí, ¿y ahora qué?

Llegado este punto la mayor parte de las personas volverán a leer el texto, harán un resumen, o destacarán las partes más importantes. Desafortunadamente, la evidencia muestra que ninguna de esas estrategias es realmente efectiva si lo que se busca es retener lo leído.

En un estudio emblemático realizado en el 2006, 40 universitarios estudiaron un pasaje corto sobre el Sol tomado de la prueba TOEFL. Después de leerlo una vez, a un grupo de estudiantes se les instruyó para que lo releyeran varias veces, mientras que al resto se le pidió que simplemente escribieran todo lo que recordaran del mismo.

Una vez finalizaron, se les hizo una prueba de retención y el desempeño del grupo que releyó fue superior, logró recordar el 81% del contenido frente al 75% del otro grupo.

Sin embargo, este resultado se invirtió una semana después. Los estudiantes que practicaron escribiendo todo lo que recordaban del texto lograron retener un 56% de la materia, mientras que el grupo que releyó cayó al 42%. Es decir, en el intervalo de 7 días perdieron más del 40% de lo estudiado frente a un 15% del otro grupo.

¿Quieres que no se te olvide lo que estudias? ¡Hazte una prueba!

Los 4 ingredientes para un aprendizaje exitoso

La innovación y la transformación tecnológica que caracterizan al siglo XXI son un desafío para todos nosotros. Adquirir nuevos conocimientos y habilidades es ya una realidad que nos acompañará toda la vida laboral. En este entorno de cambio rápido saber aprender se vuelve una condición necesaria para adaptarnos con éxito. Es por ello que las personas necesitamos un kit de herramientas más sofisticadas para enfrentar la tarea que tenemos por delante:

  • Comprender los principios y procesos básicos que caracterizan el aprendizaje y la memoria humana.
  • Conocer las estrategias que aumentan la retención de conocimientos y su aplicación a situaciones nuevas.
  • Aprender a monitorear y controlar las actividades de aprendizaje.
  • Tener presente cuáles son los sesgos que interfieren en el proceso y que pueden alterar el resultado final.

El profesor como guía cognitivo

Visualicemos la siguiente situación: el profesor asigna una tarea en la que los alumnos deben trabajar en grupo para elaborar una solución al problema planteado. Los jóvenes participan activamente, conversan y debaten entre ellos, se les ve muy motivados. ¿Qué problema podría tener este escenario? De manera resumida, que las conductas observables son un indicador muy engañoso de cuánto se está aprendiendo.

Aprender significa que se ha producido un cambio en nuestro nivel conocimientos a partir de algo que hemos experimentado. Este cambio no es observable, solo se puede inferir si pasado un tiempo el alumno recuerda lo estudiado y lo puede aplicar a una situación nueva. Desde una perspectiva cognitiva dos principios están en la base de este proceso:

  • Tenemos una capacidad limitada para el procesamiento de información nueva, si ésta se excede genera sobrecarga cognitiva e interfiere con el aprendizaje.
  • El conocimiento previo almacenado en la memoria permite manejar mejor la carga de trabajo y facilita el aprendizaje.

La efectividad y eficacia de la enseñanza dependen de si la instrucción que reciben los alumnos tiene presente estos dos principios. En este sentido, importa tanto cómo se presenta la materia como qué se hace con ella. El profesor, además de conocer la asignatura que imparte, es un guía cognitivo, tiene que facilitar que el estudiante seleccione la información relevante, la organice de manera coherente, y logre integrarla en su memoria.

Volviendo al ejemplo de más arriba, los alumnos son los que están dirigiendo su propio aprendizaje. La participación activa que observamos puede fácilmente generar sobrecarga cognitiva si sus acciones rebasan la capacidad limitada que poseen para procesar información. Tampoco podemos desprender de lo que vemos que la retención y comprensión de la materia esté mejorando. Es incluso probable que la motivación disminuya si en el futuro no logran recordar o aplicar lo trabajado.

El punto de partida tiene que ser una comprensión lo más solida posible acerca de cómo aprendemos, fundamentada en la mejor evidencia disponible, que permita conocer cuáles son los componentes de la arquitectura cognitiva del ser humano y los procesos que generan un cambio perdurable en su nivel de conocimientos. Solo así estaremos en disposición de diseñar una instrucción efectiva y eficiente.

La investigación científica de las últimas décadas entrega un conjunto de recomendaciones que ayudan tanto al profesor como al alumno, y que usadas en conjunto permiten mejorar el desempeño académico.

La evidencia científica muestra cómo mejorar el desempeño académico

Pasar un día en la playa haciendo un castillo de arena es entretenido, pero sabemos que es un método poco efectivo para construir una vivienda. El esfuerzo que hacemos al estudiar produce resultados similares, empleamos estrategias que no generan un cambio permanente en nuestro nivel de conocimientos. Calentar la materia es un ejemplo de esto, concentramos el estudio en las horas previas a una prueba y olvidamos casi todo al cabo de unos pocos días.

Nunca nos enseñan a estudiar

Pasamos largos años recibiendo educación formal entre el colegio y la educación superior y nunca nos enseñan de manera explícita cómo se estudia para generar aprendizaje. Las encuestas a estudiantes revelan que optamos por estrategias poco efectivas, contrarias a lo que la investigación recomienda, como releer, destacar, resumir, concentrar el tiempo de estudio, repetir mecánicamente un procedimiento sin comprender qué se está haciendo, poca variación, etc. Este problema se acrecienta si añadimos la ausencia de objetivos claros y planificación, junto con una gestión del tiempo deficiente.

La raíz del problema

En la raíz de este problema está el hecho de que el aprendizaje no es observable a simple vista, éste se produce al interior nuestro como consecuencia de una actividad mental que realizamos. Las acciones que podemos observar son, por regla general, un indicador poco fiable de cuánto estamos avanzando, y esto confunde a nuestra intuición. Solo podremos concluir que hemos aprendido cuando pasado un tiempo podamos recordar y aplicar lo estudiado.

Investigación científica

Es por ello que es necesario el rigor científico para determinar cuáles son las variables que mejoran el desempeño, y establecer las estrategias de estudio y conductas más efectivas y eficaces. Afortunadamente, la investigación entrega una serie de recomendaciones claras en este sentido, que está demostrado que mejoran el desempeño, y que al ser aplicadas nos ponen en el buen camino.