La brecha intención/acción: Conoce qué tipo de obstáculos enfrentas al perseguir tus objetivos

Seleccionar un objetivo que esté bien estructurado, y diseñar un plan de acción para perseguirlo, son condiciones necesarias pero insuficientes para alcanzarlo. El camino hacia su consecución está repleto de obstáculos, algunos conscientes y otros no-conscientes. Es lo que la investigación denomina la brecha intención/acción.

Saber a dónde apuntas clarifica qué tienes que hacer

Comienzas el año escolar muy motivado, tienes un objetivo muy claro –quiero mantener un promedio alto que me prepare para la universidad-. Para ello formas una intenciónestudiaré todos los días después del colegio, tenga prueba o no-, y planificas tu acción –me concentraré en matemáticas, como mínimo dos días a la semana-.

La investigación en psicología ha logrado determinar cómo debes estructurar tu objetivo para que aumentes la probabilidades de alcanzarlo. Por ejemplo, ha de ser atractivo y viable. Otra característica fundamental es que sea claro y requiera esfuerzo, este hecho clarifica qué tienes que hacer –estudiaré matemáticas 45 minutos los lunes y miércoles después del colegio-. La proximidad en el tiempo lo vuelve más concreto, lo que aumenta las posibilidades de que se logre.

Otros factores que favorecen su consecución es que hayas elegido libremente el objetivo de acuerdo a tus valores e intereses, estés comprometido con él, y tengas los recursos necesarios para lograrlo –dispongo de dos horas todos los días después del colegio-.

Si la meta que persigues es un fin en sí mismo, y no posee un carácter instrumental, incrementas tus probabilidades de éxito –me gustan las matemáticas, voy a aprovechar la oportunidad para aprender más sobre ellas, el puntaje llegará como consecuencia de lo anterior-.

Tengo claro lo que quiero, pero aún así me cuesta llevarlo a la práctica

Sin embargo, muchos objetivos, aunque reúnan las condiciones anteriores, no logran ponerse en marcha. ¿A qué se debe esa brecha entre la intención inicial y la acción? La investigación muestra cuáles son algunas de la variables que explican la dificultad de alcanzar un objetivo que aparentemente es viable.

La percepción de control que puedes tener sobre la situación pueda estar errada. Por ejemplo, te puedes confiar y llegar poco preparado a una prueba, pensando que tenías un mayor dominio de la materia.

Los hábitos y la experiencia pasada influyen negativamente si el objetivo que persigues debe luchar contra ellos. Si estás habituado a llegar a la casa y pasar la tarde revisando Instagram o jugando videojuegos, enfrentarás mayores dificultades al gestionar tu tiempo de otra manera.

La brecha entre el plan y la acción también se explica por factores emocionales. No es lo mismo querer que deber hacer algo, o sentir un mandato moral que te obliga a actuar –me siento responsable por el esfuerzo económico que hacen mis papás-. También puedes buscar excusas para no llevar a cabo la tarea –me esforcé mucho el fin de semana estudiando para la prueba, así que hoy me merezco un descanso-.

La dimensión temporal es otro factor que tienes que considerar. Un objetivo que has deseado por mucho tiempo tiene mayores probabilidades de éxito que uno más reciente, atenuando en cierta medida el efecto de los malos hábitos –desde octavo básico he sabido que quería estudiar medicina-.

En ocasiones la dificultad estriba en dar comienzo a la acción, bien porque se te olvide, porque desaprovechas una buena oportunidad para hacerlo, o porque resulta poco agradable hacerlo –llegué a la casa, descansé un poco, me quedé dormido y se me pasó la tarde-.

La persecución de tu objetivo se puede frustrar porque en el camino aparezcan obstáculos que te impidan alcanzarlo. Estos pueden ser externos, como es el caso de las distracciones, tentaciones y malas influencias –al salir del colegio quería irme a la casa, pero mi mejor amigo me pidió que lo acompañara a ver algo-. Tus obstáculos también pueden ser internos, como poca fuerza de voluntad, dudas, ansiedad, excitación alta, preocupaciones, pensamientos intrusivos, exceso de pesimismo u optimismo, etc. –siempre me han costado mucho las matemáticas, creo que no tengo talento-.

Tu planificación también plantea dificultades. Todas las personas somos proclives a pecar de exceso de optimismo y subestimar cuánto tiempo nos tomará realizar una determinada tarea, nuestra tendencia es a asignar menos tiempo del necesario. Esto se debe a que solo prestamos atención a los aspectos positivos, bloqueamos escenarios desfavorables, y planificamos de manera esquemática y simplificada –pensé que con estudiar el fin de semana antes de la prueba me sería suficiente-.

La ausencia de monitoreo es otro factor más que puede aumentar la brecha entre tu intención y la acción –se me olvidó que hoy no podía estudiar matemáticas porque tenía entrenamiento de fútbol-.

Protección del objetivo

En resumen, aunque el objetivo que persigamos esté bien estructurado -es claro, requiere esfuerzo, tiene fecha límite, contamos con los recursos necesarios, etc.-, y hayamos diseñado un plan de acción para alcanzarlo, es muy probable que nos cueste lograrlo. Se hace necesario proteger el objetivo. Eso será el contenido de una futura entrada.

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